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Mindfulness

16 de diciembre de 2020

Hace ocho años que Mindfulness llegó a mi vida y se quedó. A partir de un elevado estado de estrés y una crisis personal derivada de él, me acerqué a la práctica de Mindfulness. Desde entonces me ha aportado tanto y sigue dándome cada día, en este camino de vida que elegí, que no he dejado de formarme para poder compartir mis conocimientos, mis experiencias y las prácticas para el entrenamiento de Mindfulness.

De Mindfulness se puede hablar desde diferentes perspectivas y hay muchas definiciones relacionadas, pero quizá la que más me gusta por su sencillez, es simplemente el nombre por el que se ha traducido al español como atención plena o conciencia plena.

Para alcanzar ese estado de conciencia plena o Mindfulness lo importante es integrar la práctica en el día a día y de esa forma intentar estar el mayor tiempo posible en el momento presente, que es la única realidad que existe.

Nuestra mente nos lleva siempre hacia el pasado o el futuro, entrando en un funcionamiento de piloto automático, en el que nos perdemos la magia del presente. El entrenamiento en Mindfulness nos permite observar como es el funcionamiento de nuestra mente, tomando perspectiva.

Hay numerosos estudios científicos que demuestran su efectividad en diferentes ámbitos como pueden ser los de la educación, la salud o la empresa. A través de las prácticas que se utilizan para el entrenamiento de Mindfulness se trabajan diversas actitudes como pueden ser el no juicio, la mente de principiante o el autocuidado. Hoy quiero hablar de una de las características personales que se trabajan y fortalecen a través de su práctica. Se trata de la resiliencia, ya que su utilidad en estos momentos que estamos viviendo de gran incertidumbre es crucial.

La definición de Salud según la OMS es:  «La salud es un estado de perfecto (completo) bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad». La resiliencia es una pieza importante en el puzzle de la salud.

La resiliencia nos ayuda a reponernos frente a la adversidad, circunstancias estresantes o situaciones de crisis. El símil que más me gusta para explicarla es la visión de los juncos que se doblan ante el vendaval, pero vuelven a levantarse una y otra vez. El matiz es que la resiliencia no es sólo la capacidad de volver a ponerse en pie después de la adversidad, sino de tomar consciencia de lo aprendido e incluirlo en nuestro propio camino de conocimiento y crecimiento personal, sin perder de vista nuestros valores y propósito de vida. De esa manera no se tratará de superar los obstáculos de cualquier manera, que quizá en el corto plazo nos pueda ser útil, pero a la larga lo que cree es una bola de nieve que en vez de copos esté hecha de problemas añadidos, lo que se busca es un abordaje desde la sabiduría interior. No se trata de huir del sufrimiento o adormilar la expresión de las emociones, sino tomar consciencia de todo ello para aprender y seguir adelante con más recursos. Depende de diversos factores el grado que tenga cada individuo, pero la buena noticia es que se puede entrenar.

Patricia de la Fuente

Psicóloga General Sanitaria y Máster en Mindfulness

www.compasionplena.com

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